miércoles, 1 de febrero de 2012

China: Un ejemplo de un modelo económico destructivo


video

Creado bajo las expectativas de convertirse en el supuesto nuevo centro neurálgico de la economía mundial, el distrito de Kangbashi se ha transformado en una ciudad fantasma, en la que apenas vive gente. Sin embargo, está considerado uno de los lugares más prósperos del mundo gracias al sector inmobiliario.

Kangbashi es un distrito construido en menos de cinco años a base de la financiación proveniente de la industria de la energía y del automóvil. 


Grandes obras arquitectónicas y lujosos apartamentos se erigen por sus calles, unas calles desiertas como si configuraran una ciudad fantasma. La paradoja es que la ciudad mantiene su consideración como ciudad próspera.














Se calcula que el 80% de las viviendas se han vendido, pero los compradores, inversores o futuros residentes, esperan a que haya colegios y hospitales antes de mudarse, según apunta un agente inmobiliario local. 


De momento, centros administrativos, edificios de Gobierno, museos, teatros, campos de deportes y cientos de viviendas unifamiliares ya están listos para sus futuros residentes.

El único problema es que el distrito fue diseñado para que viviera un millón de personas y, de momento, a penas viven unos veinte mil vecinos. Por esto, cuando una persona camina por la calle parece un superviviente de una película de terror, como describe un artículo de la revista Time.

Algunos analistas han advertido de que Kangbashi es un ejemplo de un modelo económico destructivo en el que impera la obsesión por el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) y olvida otras maneras de medir el progreso como los niveles de sostenibilidad.

Se trata de un modelo que obnubila a China y que genera consecuencias como que el cáncer sea la primera causa de muerte en este país asiático o que el 30% de los niños de la provincia de Yunnan sufra envenenamiento por plomo.